Magaly Rubina, psicóloga y directora de Formación Extraacadémica en la Universidad del Pacífico, conversó con nosotros acerca de su visión sobre las habilidades socioemocionales y la importancia de fortalecerlas constantemente.

Dile a tus hijos que estudien arte. Los artistas son los únicos a los que no podrán reemplazar los robots. Con palabras más, palabras menos, esta frase circula desde hace mucho tiempo en internet, y pretende destacar la importancia de las virtudes intrínsecamente humanas o que están vinculadas con las emociones o los sentimientos.

Por supuesto, en el ámbito profesional, esto abarca muchos más campos que la actividad artística e, incluso, en los últimos años, ha adquirido una enorme relevancia en el mundo corporativo. Diversos estudios realizados a nivel mundial coinciden en que capacidades como la empatía, la honestidad, la capacidad de trabajar en equipo, entre otras habilidades socioemocionales, son factores determinantes para evaluar a un trabajador.

 

Magaly Rubina, psicóloga y directora de Formación Extraacadémica en Universidad del Pacífico, asegura que un profesional sin habilidades socioemocionales es un profesional incompleto. “Un profesional que no es capaz de escuchar a otro, que no es capaz de postergar sus impulsos, que no considera el bien común, es un profesional incompleto, como una mesa sin una pata: no va a tener el equilibrio necesario para llevar la carga que se le imponga”, afirma.

Pero ¿a qué nos enfrentamos cuando hablamos de habilidades socioemocionales? “Son las habilidades no cognitivas que desarrollan las personas y que están relacionadas con la capacidad de entenderse a uno mismo, de autoconocerse, para luego regular nuestras propias emociones y relacionarnos de manera más favorable con nuestro entorno”, explica Rubina.

En ese sentido, las habilidades socioemocionales nos permiten una mejor gestión de nuestras emociones y sentimientos y eso, eventualmente, conlleva a un entorno más saludable y más armónico tanto en el territorio laboral como en el personal. “Son habilidades que se pueden desarrollar y fortalecer a lo largo de la vida y que parten de nosotros mismos hacia los demás”, comenta.

¿Cómo se fomentan estas habilidades dentro de las instituciones educativas? Para la psicóloga, no hay fórmulas mágicas ni es posible enlistar consejos o tips infalibles. “Es un abordaje más complejo. Va a depender de cada colegio y de dónde quiera poner el acento y de cómo quiere que sea su perfil de egresados”.

Es importante, eso sí, que desde temprana edad se generen los espacios donde los alumnos puedan analizar su propio comportamiento y autoconocerse. “¿Cómo te has sentido con esta situación? ¿Qué opinas de tal situación? Son preguntas importantes independientemente del curso o de la actividad”.

Rubina comenta, además, que cada etapa en el desarrollo de la persona puede tener distintos abordajes. “La edad ideal para desarrollar estas capacidades empieza desde que somos muy chicos. Esto, por supuesto, no quiere decir que no se puedan desarrollar después. Pero a una edad temprana se le enseña al niño a seguir ciertas reglas, a postergar el impulso, a no burlarse del otro. Se le enseña con el ejemplo y con tareas específicas”.

Asimismo, en cuanto a la etapa adolescente, asegura que es importante contextualizar sus urgencias. “Los adolescentes tienen un tema sobre la aprobación de los padres, sobre el sentido de pertenencia, entre otros. Es importante conversar sobre eso y ayudarlos a relacionarse consigo mismos en los últimos años de secundaria”.

En ese sentido, el autoconocimiento es también fundamental para guiar su vocación. “¿En qué soy bueno? ¿Qué cosas se me dificultan? Son preguntas que hace falta ayudarlos a resolver”, comenta ella. “Hay que desmitificar que uno tiene que ser bueno en todo. Entonces, si no eres tan bueno matemática enfócate solamente en llevarla a un nivel lo suficientemente bueno para que no te sea un dolor de cabeza. Pero dedícate a sacarle brillo a todas esas cosas que eres bueno, porque posiblemente ahí podrías hacer la diferencia”.

“Lo importante”, insiste Rubina, “es motivar la reflexión y la expresión”. Esto conlleva al autoconocimiento y, con el tiempo, a desarrollar profesionales con liderazgos positivos, que influyan en las personas de maneras adecuadas y que la correcta gestión de sus emociones les posibilite tomar mejores decisiones, más responsables y más empáticas.

Por último, Rubina destacó que es muy importante la transparencia de los colegios de cara a los padres de familia. “Así como los alumnos no pueden ser buenos en todo al mismo nivel, el colegio debe ser muy claro en dónde están sus fortalezas en el plano formativo”. En ese sentido, la psicóloga explica que los padres están en su derecho de entender perfectamente dónde ponen los acentos las instituciones educativas, para así sopesar informadamente qué habilidades socioemocionales y qué habilidades técnicas les están ofreciendo desarrollar en sus hijos. De esta manera, podrán elegir mejor a qué institución matricularlos. “Es importante que el colegio sea coherente y transparente con lo que ofrece a la comunidad y los padres”, concluye.