Elegir qué carrera estudiar probablemente sea la primera decisión adulta en la vida. Por esa razón, es importante que, como padre de familia, acompañes a tu hijo en ese proceso, pero bajo ciertos parámetros. ¿Qué rol te corresponde cumplir?

Los adolescentes de hoy, que pertenecen a la llamada generación Z, se enfrentan a un mundo globalizado y tecnológico, pero también caracterizado por cambios constantes y complejos. Por ello, es importante que tú, como padre o madre de familia, acompañes, entiendas y respaldes a tu hijo para que tenga un camino más firme y claro mientras se encuentre en plena elección de su carrera universitaria.

Después de todo, tú has sido el principal testigo de hacia dónde se ha ido “orientando” vocacionalmente a lo largo de su crecimiento. ¿Qué cosas siempre le han llamado la atención? ¿Qué habilidades ha desarrollado en el camino? Tu perspectiva es clave para que la decisión sobre qué carrera estudiar no se postergue hasta el último año del colegio, cuando tomarla es urgente y coincide con un momento de mil emociones y despedidas. Sino todo lo contrario: que esta experiencia sea natural y progresiva, la cual se recomienda empezar en tercer grado de secundaria.

Claro que en el punto inicial de la orientación vocacional es probable que surjan ciertos dilemas y prejuicios, por parte de ambos, respecto a conceptos como la vocación y el mundo académico en general, que pueden dificultar o trabar la toma de decisión, y que es necesario revisar para encontrar la mejor forma de guiar, paso a paso, a tu hijo.

La vocación no es sinónimo de profesión

 

Primero, es crucial que entiendas —y le expliques a tu hijo— la diferencia entre vocación e interés/gozo. Mientras que a él le pueden interesar diversos temas, esa curiosidad académica no necesariamente está en sintonía con su vocación; es decir, con sus habilidades. La vocación es algo hacia lo que nos orientamos y para lo cual somos buenos.

En otras palabras, se trata de un tipo de personalidad o una serie de características y habilidades que pueden encajar y ponerse al servicio de una o más profesiones. Por ejemplo, la orientación vocacional de tu hijo podría tener que ver con la investigación y cierta habilidad para dialogar, argumentar y debatir.

Todo ello podría encajar perfectamente con el Derecho o el Periodismo, pero lo ideal es que sea tu propio hijo, tras un análisis introspectivo, quien vaya depurando hasta encontrar una carrera que se acomode no solo a su vocación, sino a sus aspiraciones. La elección de una profesión marcará la forma en la que verá el mundo (un abogado, por ejemplo, analizará la realidad desde una óptica distinta a la de un ingeniero).

Otro punto muy importante es entender que la vocación tampoco es, necesariamente, sinónimo de pasión.La visión idealizada de la vocación, aunque sea la más común, no es la más realista.Es importante que, como padre (quizás al tener una visión más práctica de la vida), ayudes a desmitificarla y le expliques a tu hijo que esta puede construirse, y deberá cultivarse. 

El diálogo: el mejor test vocacional

Aunque el famoso test vocacional siga vigente (en Internet se pueden encontrar diversos y gratuitos) y es una muy buena opción para “pasar en limpio” las habilidades, actitudes y características más destacadas de tu hijo, se trata solo de un input de información.

El instrumento más valioso siempre será el diálogo. Hay que recordar que, de acuerdo con un estudio de mercado del Grupo Educación al Futuro, el 80% de escolares no sabe qué carrera universitaria estudiar cuando está terminando el colegio. El diálogo es esa herramienta doble que te permitirá extraer información de tu hijo (sus aspiraciones, intereses, dudas, etc.) y, al mismo tiempo, infundirle la confianza que necesita. A partir de ahí, y solo gracias a un diálogo sostenido, podrán dar el siguiente paso, que será la búsqueda de información.

Es indispensable que acompañes a tu hijo en un trabajo profundo de investigación: entrar a las webs de las universidades, revisar las mallas académicas, hacer cuadros comparativos, ver clases virtuales, visitar los campus, entre otras posibilidades. Pero recuerda que él debe ser quien tome la iniciativa: tu trabajo, en ese caso, es colaborativo.

Este paso es importante porque la elección no solo debe centrarse en una idea de la carrera universitaria que solo existe en nuestras mentes. Además, hay otro tipo de factores a considerar: universidades que le pueden dar la oportunidad de estudiar un semestre en el extranjero, otras que tienen laboratorios con tecnología de punta, y más características que pueden contribuir a tomar una decisión sobre qué carrera estudiar.

Todo ello debe ser evaluado con anticipación y tranquilidad. La exploración tiene que darse a manera de disfrute, no como algo estricto y obligatorio. Y siempre en diálogo constante y profundo, algo que no te da el típico test vocacional.

¿Una decisión para toda la vida?

Es innegable que escoger qué estudiar en una universidad es un paso fundamental para la estabilidad del futuro laboral de tu hijo, pues, según el portal Ponte en Carrera, el 88 % de jóvenes con contrato de trabajo tiene una educación universitaria. Sin embargo, los chicos deben entender que no se trata de una decisión estática e impermeable a los avatares del tiempo: será moldeada también por los estudios de posgrado, así como por las experiencias laborales y vitales.

En ese sentido, es recomendable que le muestres a tu hijo casos de éxito no tan tradicionales, como el de administradores que triunfaron en algún deporte, o abogados que fundaron una ONG, entre otros ejemplos. Esto pasa porque simplemente la vida no transcurre de manera lineal. Incluso, es algo que caracteriza, sobre todo, las trayectorias laborales modernas, en las cuales se ha relativizado el concepto de estabilidad y movilidad laboral: ahora los jóvenes tienden a cambiar de trabajo con más rapidez que antes.

Además, según el estudio “Perfil del Adolescente y Joven 2018”, de Ipsos Perú, el 83 % de los jóvenes considera que formar una empresa propia es sumamente importante, y sabemos que el espíritu del emprendedor muchas veces tiene que ver con estar dispuesto a andar caminos inesperados.

Por ende, ver como fracasadas a personas que estudiaron algo y luego hicieron una vida profesional en otro campo es un error. Y, aunque tu hijo pueda estar muy convencido de su vocación, algo a lo que debe apuntar, entender esto le ayudará a tener una perspectiva más amplia sobre las posibilidades que le ofrece su propio futuro.

Choque de generaciones

Como has podido notar, esta ruta vocacional tiene mucho de dejarlo ser y hacer a tu hijo, mientras tu asumes un rol de facilitador, conciliador y colaborador. Por ello, es importante que entiendas que no se trata de imponer como modelo tu trayectoria profesional y laboral.

Actualmente, el promedio de padres con hijos ad portas de ingresar a la universidad, pertenece a la llamada generación X. Se trata de una generación que sabe la importancia de la formación profesional, y cuenta con estudios de posgrado, pero sobre la base de aspiraciones, valores y objetivos diferentes a las de los jóvenes de hoy.

Es mejor revisar algunos artículos sobre los cambios generacionales para que tengas herramientas psicológicas útiles a la hora de dialogar y guiar a tu hijo. Por ejemplo, debes saber que, para los jóvenes de la generación Z, temas como la libertad, la solidaridad, la productividad y la diversidad son mucho más fundamentales.

Sin embargo, el choque generacional clásico siempre se da porque los padres están acostumbrados a vaticinar “Esto es lo que te va a pasar”, ante lo cual los jóvenes responden “A no me va a pasar”. En ese sentido, si bien tus experiencias como padre son valiosas y es importante que las compartas con tu hijo durante su etapa de orientación vocacional, debes acostumbrarte a no solo señalar lo negativo en un afán alarmista, sino también lo que te ha funcionado.

Con todo ello en mente, mientras tu hijo se encuentra cursando sus últimos años de colegio —y antes de que se ponga ansioso respecto a su futuro—, es bueno que vayas introduciéndolo, a través de ciertos estímulos (como talleres, visitas a campus o lecturas), a observar el mundo que existe más allá de las paredes de su colegio, donde finalmente podrá convertirse en la mejor versión de sí mismo.